
A diferencia de Ander Izagirre, que solo jugó una temporada, la fiebre futbolista me duró algo más. Estuve jugando al fútbol hasta segundo de BUP (4º de la ESO actual). Central correoso, escaso de técnica, pero muy luchador, orgulloso de portar el 5 a la espalda, como “Bixio” Gorriz.
Supongo que le pasará a todo donostiarra, que tiene una historia familiar ligada a los colores. En nuestro caso comienza cuando yo todavía era un plan. Jornada de liga, quinielas de 14, sin complementarios, no como las actuales, todo aciertos y un último partido en juego, Athletic-Real Sociedad. Lo tenía todo a su favor mi padre para hacerse millonario, se estaba cumpliendo su pronóstico de empate en San Mames. Pero todo se torció, y el gol de la Real en el segundo tiempo echó por tierra todas las cuentas de la lechera, una quiniela perfecta. Era 1980, era el bar platero en la calle Matia del barrio del Antiguo en Donostia.
Ayer asistí a la presentación de “Mi abuela y diez más“, nuevo libro de Ander Izagirre con Libros del KO. No me ha durado 24 horas y ya lo he devorado. Como recordaba que Mikel Ayestarán había escrito un post con su memoria personal del sentimiento txuri-urdin , no he querido ser menos y aquí está la mía.
Retomando el sentimiento anti-realista de mi padre, el azar le llevó al lado oscuro, al txuri-gorri. “Ellos sí que valen, que solo juegan con los de casa”. Hoy en día sigo pensando que la Real no sería la misma sin Aldridge, Carlos Xavier, Meho Kodro, Darko Kovacevic, Nihat, Karpin, Mild, Kvarme, Westerveld, Sa Pinto, Skoubo y otros tantos. O Yaw, Bonilla, Demetradze, incluso Lee Chun So. A veces funcionaron las incorporaciones y otras veces, nos divertimos mucho.
No guardo apenas recuerdos de Atocha, claro, soy más jovenzuelo que Ander. Solamente asistí a un par de partidos allí. La primera vez fue con mi padrino, mi tio Loren, y fue para ver un partido del sanse. Para ver un primera tuve que esperar al Albacete (quién lo ha visto y quién lo ve). Tuve una oportunidad para ver a Maradona jugando con el Sevilla, pero elegí mal, al querer asistir con mi padre y no con los compañeros del equipo de fútbol. No conseguimos entradas.
Anoeta sí que lo conozco bastante más. Qué buenas tardes he pasado allí, y qué malas otras. Coincido con la idea de que el sentimiento antimadridista es algo inherente a la pasión txuri-urdin. No hay nada como ganarle al Madrid en casa. Bueno, tal vez, una manita al Athletic.
El mejor recuerdo, el subcampeonato. Menuda temporada, menudo final ajustado. Estuve en Gasteiz ese año. Estaba tras la portería de Westerveld cuando vimos entrar ese injusto gol por retener el balón más de 6 segundos. Se rompió la valla de la grada, la Ertzaintza intentó desalojar parte de la grada y nos llovieron palos. No fue un gran día, al menos cuando miras hacia atrás y constatas la importancia de aquellos puntos perdidos.
El último partido en Anoeta, saltamos al césped con el pitido final. Mikel Alonso me dio su camiseta de calentamiento. La jubilé al cambiarla por la del centenario, aunque todavía la luzco orgulloso cuando juego una pachanga con amigos.
“Los lunes son mejores si ha ganado la Real”. ¡Y tanto! no se puede explicar, pero es así. Son mis colores, son nuestros colores, los que visten nuestros chicos cada fin de semana cuando saltan al campo, a jugar, para toda Gipuzkoa.
Supongo que cada cual lo vivirá con una intensidad. Yo no acudo a Anoeta desde hace tiempo. Dejé de ser abonado una temporada después del subcampeonato, me libré de la segunda división.
El año champions fue muy duro, estudiando en Galicia y viniendo en coche desde Vigo para ver partidos de Champions League entre semana. 7 horas y directo a Anoeta. Para ver el Real Sociedad-Juventus tuve que dejar el coche en el arcén de la variante. Tras semejante viaje no iba a dejar que un atasco me robará tal experiencia.
Esta es mi historia txuri-urdin, la de un donostiarra más. Estoy seguro de que no hubiera sido así con otros colores.
Gora Erreala!